
Juan Cruz Lozada ([1])
En un post anterior hice referencia al “carácter bendito de la crisis” (http://fprogredior.blogspot.com/2009/01/enhorabuena-la-crisis.html). Estas reflexiones provocadoras surgieron a partir de unas palabras de Albert Einstein que son frecuentemente repetidas en estos tiempos (http://fprogredior.blogspot.com/2009/01/la-crisis-segn-einstein.html).
Al respecto, varios amigos directivos de empresa me hicieron llegar sus comentarios que aquí reflejo y reflexiono sobre ellos. En general, los comentarios recibidos muestran cierto escepticismo respecto a la posibilidad de encarar la crisis como una bendición.
El argumento más utilizado es que en el mundo del management generalmente se dicen y repiten cosas en las que nadie cree. Mentiras o exageraciones que supuestamente todos formalmente aceptamos sabiendo que son “pour la gallerie“.
Con gran poder de síntesis, un directivo de empresa amigo me decía: “siempre decimos que para nosotros lo más importante es la gente, pero ni bien estalla la crisis, nuestra Casa Matríz nos pide bajar salvajemente la plantilla en equis por ciento, desprendiéndonos de capital humano que necesitaremos ni bien la crisis finalice”.
En otras palabras, las ideas de Einstein sobre la crisis son tomadas por muchos como simples y bonitas expresiones de deseo pero que no llegan a inspirar, ni a movilizar, porque no guardan vínculo con la realidad que nos toca vivir. Por ello, la crisis debería ser abordada necesariamente desde la perspectiva “realista y dramática” que le corresponde.
Estos argumentos son valiosos por cuanto reflejan experiencias y realidades empresarias concretas y deben ser tomados con el respeto del caso. No obstante, aun partiendo de realidades y experiencias que mueven al escepticismo, es posible preguntarnos acerca de la posibilidad de encarar la crisis con una mirada renovada.
¿Qué hace falta para ello? De acuerdo a nuestra experiencia, hace falta transitar por cuatro etapas transformadoras.
En primer lugar, se requiere tener la voluntad de querer enfrentar la crisis bajo la perspectiva de una bendición. Esto supone una apertura mental que conceda una oportunidad al desarrollo de un enfoque alternativo para gestionar la crisis. Sin este compromiso inicial nada de lo que se haga a posteriori será fructífero.
A partir de esa apertura mental y con el compromiso de querer buscar oportunidades que transformen la crisis en una bendición, pasa a ser clave el definir cómo lograrlo.
Por ello, como segundo paso, se requiere llevar esa voluntad y compromiso a un ejercicio estratégico en el que la organización, en particular su alta gerencia, anticipe el futuro con una mirada que busque las oportunidades, más allá de identificar las dificultades.
Esto supone ejercicios estratégicos y dinámicas grupales gestionadas de modo diferente a los tradicionales. La diferencia debe estar puesta en la calidad del pensamiento que logre generarse para realizar una buena anticipación del futuro y detección de oportunidades. Sobre esa base se diseñarán las acciones estratégicas y tácticas que conduzcan a objetivos ambiciosos que rompan los paradigmas propios de los tiempos de crisis.
En tercer lugar, este cambio estratégico debe ser reflejado en procesos de trabajo que den continuidad y sustento a la estrategia pretendida. Esto quiere decir que no basta con una mejor calidad de pensamiento estratégico sino que es preciso alcanzar una mejor calidad en la actuación estratégica. Para ello, se requiere cambios en los procesos clave que permitirán sacar mayor provecho de la crisis. En algunos casos serán procesos destinados al monitoreo del mercado y la detección de oportunidades, en otros casos se trata de cambios en los procesos de interrelación entre las personas o las áreas funcionales. Cada empresa tiene desafíos propios, que debe definir.
Finalmente, esos procesos deben dar lugar a cambios sustanciales en las conductas, valores de los integrantes de la organización. Estos cambios no se dan por si solos, sino que deben gestionarse con cuidado. Los seres humanos y las organizaciones estamos sujetos a las leyes de la homeostasis, las que nos llevan a auto-regular nuestro comportamiento llevándonos a “cambiar lo necesario para que nada cambie”.
Por ello, para cerrar la secuencia es necesario una gestión efectiva del cambio, para que el “día a día” de la empresa y de sus integrantes mejoren el desempeño y la cultura organizacional de forma de tornarla más apta para vivir la premisa que la “crisis es una bendición”.
([1] ) Consultor gerencial especialista en Estrategia Corporativa, Profesor de Estrategia en Escuelas de Negocio, Director de la Fundación Progredior -Educar para el Trabajo-








